La gestión adecuada de un vertido es esencial para garantizar la seguridad de las personas, proteger el entorno y cumplir con la normativa ambiental vigente. Una actuación rápida, organizada y siguiendo los pasos adecuados minimiza riesgos y evita daños mayores. A continuación se detalla un procedimiento claro y eficaz para afrontar este tipo de incidentes.

1. Evaluación inicial del vertido
La primera acción ante un vertido debe ser la evaluación de la situación.
Es fundamental que el trabajador:
- Identifique el origen del vertido (aceite, combustible, líquido hidráulico, refrigerante u otro fluido).
- Estime de forma rápida la extensión del derrame.
- Compruebe si existe riesgo inminente para personas, vehículos o el entorno.
- Determine si se necesita apoyo inmediato de un responsable o del equipo de emergencias internas.
Una evaluación inicial adecuada permite decidir qué medidas aplicar con rapidez y seguridad.
2. Señalización y delimitación de la zona afectada
Una vez valorado el vertido, el siguiente paso es proteger la zona para evitar incidentes adicionales. Para ello:
- Colocar señalización visible que advierta del riesgo de resbalones o contaminación.
- Delimitar el área con conos, balizas o cintas si están disponibles.
- Evitar que otros trabajadores o vehículos accedan al perímetro del vertido.
Esta fase es clave para garantizar la seguridad de todos los presentes.
3. Contención y control del vertido
Con la zona asegurada, es el momento de actuar sobre el derrame.
El método estándar consiste en utilizar sepiolita o material absorbente, ya que es eficaz y apto para la mayoría de fluidos industriales.
El procedimiento recomendado es:
- Cubrir el vertido con material absorbente, asegurándose de que se distribuya uniformemente.
- Esperar unos minutos para permitir que el material actúe y absorba correctamente la sustancia.
- Recoger la sepiolita impregnada con una pala, evitando extender el derrame.
- Depositar el residuo en un contenedor habilitado para residuos peligrosos, siguiendo la normativa interna y la legislación aplicable.
- Repetir si es necesario hasta que la superficie quede completamente seca y segura.
Es importante no usar agua ni realizar barridos que puedan dispersar el contaminante.
4. Comunicación y registro del incidente
Una vez controlado el vertido, el trabajador debe:
- Informar de manera inmediata al responsable de zona o supervisor.
- Registrar el incidente según el protocolo interno: hora, lugar, causa, tipo de fluido y cantidad aproximada.
- Indicar si se ha requerido reposición de absorbentes o material de seguridad.
La comunicación permite prevenir futuros incidentes y garantiza la trazabilidad.
5. Limpieza final y revisión del área
Para completar la gestión del vertido:
- Realizar una limpieza final con productos aprobados.
- Verificar que no quedan restos de sustancias peligrosas.
- Revisar el estado del vehículo para detectar fugas que deban repararse.
- Asegurar que el área puede volver a utilizarse con normalidad.
Conclusión
Actuar de forma rápida, organizada y con los medios adecuados marca la diferencia entre un incidente controlado y una situación de riesgo. La clave es seguir un protocolo claro: evaluar, señalizar, contener con material absorbente y pala, informar y limpiar.
Aplicar este procedimiento no solo protege a las personas y al entorno, sino que también refuerza la cultura preventiva dentro de la empresa.